Pan con vino, agua y azúcar.
No sé si es un sabor, una textura,
un tiempo, un lugar,
o mi abuela.
Aquellas meriendas de muy joven
alegraban la penumbra de esas horas
en el comedor de su casa.
Mucho mejor que el pan con chocolate,
o el pan con tomate.
Nada que ver, era pan con vino!
Ahora no es lo mismo
ni el pan con vino de ayer
ni los chupitos de hoy.
Era otro tiempo, otro lugar.
Y sobre todo, era mi abuela.




