El aullido

El aullido del lobo en la noche

encoge el valle y engrandece las montañas.

Noche en el valle

Se extiende la garganta nocturna

con un misterio manso.

El valle se recoge tímido.

Habla la noche en todos los rincones.

Despliega su manto al último rayo.

Las montañas son murallas mudas intocables.

El discurrir del tiempo pierde las pulsaciones,

lo negro se agranda

dejando huecos de incertidumbre.

Los ojos del mundo miran hacia dentro.

Lo cercano es tenue, lo lejano se esconde.

El perfume del silencio invade las almas,

rendidas a la quietud impuesta.

Se recogen el ser y el día.

Algo vital ha muerto,

algo sutil ha nacido.

Esta Noche

Esta noche,
el reloj descansa en la mesilla,
marca horas sepulcrales o sacras.
el silencio opaco, como una mampara
aleja la vida de los quehaceres.
Queda la esencia de ser y estar,
desnuda, desposeida de artificio.
No hay nadie más que uno mismo
para responder las preguntas
que habitan, semiescondidas
entre la piel y la carne, tan sólo
quizá algún chatbot de IA
(insuficiencia algorítmica) o las redes sociales. Pero no quiero sumar más
sordidez a la soledad.
Prefiero sentir, y describir.
Cojo el móvil, escribo esto.
Después de expresarme a mi mismo,
me quedo sereno, en reposo, me duermo.
Escribo me duermo.

CUANDO EL ALBA

​Cuando el alba hiere la noche

y los suspiros se vuelven palomas

en la repisa del alma,

los gritos ahogados estallan

en ventanales traslúcidos,

la tierra recupera la cordura

y la lluvia riega los campos de gratitud. 

VOY EN BUSCA

Voy en busca de mi encuentro
en un mar de islas perdidas.
Me acompaña la duda
iluminando el mundo de contrarios.
No sé si llegué o aún debo partir.
Abracé la noche
y saqué punta al lápiz para dibujar un cielo.
O quizás, el cielo me dibujó a mí.

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