Tierra arada

Cuando la tierra está arada,

y tienes que arar la tierra.

Planear sobre la ladera soleada.

Prender la pluma cuando

ya fluye su tinta.

Descubrir los secretos que ya sabías.

Atravesar de nuevo

el puente del antes al ahora.

Ver tu semblante desde ayer.

Cuando el tiempo se reproduce

y se conoce a sí mismo,

la mano que escribe cree

reproducir el destino.

Ahora que lo escribo

sé que ya estaba escrito.

Voracidad

Tus ojos inyectados de vida prestada
desafían con su sentida belleza
almendrada el tiempo feroz.
La gravedad engulle sin piedad
todo lo que es superfluo.
Solo quedan las horas para lo eterno.
Tu maleta de viaje únicamente
admite recuerdos imborrables.
Luces sagradas de momentos
donde todo se detiene,
nada queda a su márgen,
nada resiste la voracidad
de lo intrascendente.
La vida muere un día
y un día muere el tiempo.
Sin tiempo sobrevive lo eterno,
nuestros momentos donde
todo se detuvo.

Manos al cielo

Mañana luminosa, 

Los plataneros altos,

visten la plaza

en hojas verdes.

Hojas inmóviles

secuestran el tiempo.

El aire y las horas

adormecen frágiles

y a la vez petreos.

Los brazos levantan

sus manos al cielo

implorando que el tiempo

pierda su devenir

y la eternidad se instale

en los rítmicos corazones.

Morir sin tiempo,

tiempo inmortal.

Pueblo

Muro blanco, muro tierra.

De un tiempo que pasa

y perdura sólido.

Esa esplanada y ese sol

que ilumina el polvo.

Pueblo intemporal,

piedras eternas.

El graznido paraliza la brisa.

El aire respira lento

con lamento.

Parado, ilusorio,

sombra traslúcida.

El tiempo teme su derrota,

pero ésta nunca llega.

Tiempo recuperado

Del trabajo lógico,

con algo de intuición,

rigor, estancamiento.

A las notas del sentimiento,

el clarinete expresivo.

La banda de viento, el grupo,

la exhuberancia musical.

La pintura, los ojos del alma,

materia, trazo, color.

La poesia, la palabra,

la comprensión, el diálogo,

la comunicación.

El otro, compartir, relación.

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar