Eran suyos los días de penumbra,
las tardes espaciosas sin azar.
Los vientos lejanos desde la ventana
dejaban el jardín frío lleno de hojas.
El tiempo susurraba sus minutos a golpes.
Mañana la espera continuará
pero será más tensa que un arco
sin flecha a punto de lanzar
el olvido por el precipicio.
En la calle no había ni perros ni gatos.