LOS OTROS

El espejo maligno
nos mira miedosamente.
Esos miedos son nuestros.
Y ese juez maligno somos nosotros.
Creemos descubrir las mas ínfimas
señales de imperfecciones
físicas o morales que nos atenazan
en un presente de disfraces,
disfraces y carnavales de almidón.
Nuestras miradas hacia nosotros
son implacables.
Preferimos huir del silencio,
allá donde habita nuestro juez.
Pero existe un silencio sin juez
y existen otras miradas.
Las miradas de los otros,
que pueden ser mas benévolas,
y de las que podemos aprender.
Silenciar.
Escuchar.

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