
Estos días, entre tu muerte y la mía,
estoy de vacaciones,
en un bistro indio esperando la comida.
El tiempo parece prescindible,
todo acabará tarde o temprano,
si no hay nada más.
Parece un tiempo añadido,
tiempo de espera, superfluo,
entre dos grandes acontecimientos
que minimizan el tránsito.
Cuando llegue el momento
el espacio intermedio desaparecerá
como un tiempo perdido,
comprimido, casi inexistente,
como un par de días cortos.
Solo quedará, para siempre,
nuestras muertes esculpidas
en la piedra del tiempo pasado.
Pero tu ya sabes, mejor que yo,
que no es así.
Los días son sagrados,
la vida es sagrada
y la muerte perece con la muerte.