Cuando esa mirada inquisidora
encuentre en su alma
un resquicio de sus dianas,
su flecha debería perder
su hiriente punta
y como un puntero mirar
con comprensión a sí mismo.
Si uno comprende, lo hace para sí
y para los demás.
Cuando esa mirada inquisidora
encuentre en su alma
un resquicio de sus dianas,
su flecha debería perder
su hiriente punta
y como un puntero mirar
con comprensión a sí mismo.
Si uno comprende, lo hace para sí
y para los demás.