Estación destino

Pienso, alguna vez,

que sentiría, postrado en la cama,

moribundo, en mis últimos días.

Una vida que se va.

Sentiría los caminos sin recorrer,

sin esposa ni hijos,

de algún amor no correspondido.

Gratitud por la familia,

por los amigos, los viajes,

las montañas y sus cimas, el mar,

los pueblos pequeños, los valles,

los perros, las aves, los árboles,

la música, las bandas de viento,

la pintura y la poesía omnipresente

– en los libros, escrita y en la vida -.

La lectura y sus secretos.

Buscar, y vislumbrar el sentido,

ese sentido que ennoblece la vida.

La confianza en un orden espiritual.

La magia en la tierra,

que cayó de los bolsillos del Creador.

La complicidad, un encuentro,

una conversación, un compartir,

un comprender, un expresarse

y un ayudar o acompañar.

Una preocupación e interés por el prójimo,

los que quedan y los que vendrán.

Sentiría quizás,

una esperanza y un sosiego,

dejarlo todo en manos de Dios.

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar