Aquells petits luxes
que no tenen res a envejar
als grans luxes.
I a més no et culpen.
Són regals de la mare naturalesa.
Un tros de blau cel a la vida dels plebeus.
Aquells petits luxes
que no tenen res a envejar
als grans luxes.
I a més no et culpen.
Són regals de la mare naturalesa.
Un tros de blau cel a la vida dels plebeus.
Pienso, alguna vez,
que sentiría, postrado en la cama,
moribundo, en mis últimos días.
Una vida que se va.
Sentiría los caminos sin recorrer,
sin esposa ni hijos,
de algún amor no correspondido.
Gratitud por la familia,
por los amigos, los viajes,
las montañas y sus cimas, el mar,
los pueblos pequeños, los valles,
los perros, las aves, los árboles,
la música, las bandas de viento,
la pintura y la poesía omnipresente
– en los libros, escrita y en la vida -.
La lectura y sus secretos.
Buscar, y vislumbrar el sentido,
ese sentido que ennoblece la vida.
La confianza en un orden espiritual.
La magia en la tierra,
que cayó de los bolsillos del Creador.
La complicidad, un encuentro,
una conversación, un compartir,
un comprender, un expresarse
y un ayudar o acompañar.
Una preocupación e interés por el prójimo,
los que quedan y los que vendrán.
Sentiría quizás,
una esperanza y un sosiego,
dejarlo todo en manos de Dios.
Com huracans que aixequen teulades,
el defecte moral destrueix
el sentit just de la llibertat,
escampa el dany a l’altre
i converteix la intel.ligència en estupidesa.
Recollir una vida entre les runes,
d’un noi que encara no ha estudiat filosofia,
d’una bomba plena de raons,
que assassinen vides.
Raons assassines que assassinen raons.