Atiende en su bar,
vecinos y extraños,
sencillos y complejos,
ricos y pobres,
cultos de estudio o de vida;
ella se entiende con todos.
Son sus niños.
Ella comprende, respeta y aprecia.
Confidente de gente diferente.
Fia hasta fin de mes, no fia copas de más.
Apreciada, buscada y amada.
Entre sus milagros destaca
contagiar su mirada
entre sus, ahora menos,
ciegos pero afortunados feligreses.