Cálida como una flor del sur,
a mediodía, bajo el sol del ecuador.
Risueña, amable, ojos morenos,
profundos, de otro mundo.
Amiga de la alegría,
hermana de la bondad
y madre envidiable.
Me cobra vinos y tequilas
a precio de aprecio.
Su voz es caricia,
sus brazos abrazos
y su amor lo he patentado
para que no me lo quite
ningún príncipe alado.