Estéril charla,
que me hablen tus ojos,
tu sonrisa iluminada.
Lo demás es un miting de campaña.
Tus gestos espontaneos,
tu mesura, tu locura.
Aquello incierto, que no se controla,
es lo más cierto.
Sólo se hacen discursos largos
para comprar confianzas.
Yo miro el techo,
ellos miran el techo,
no hay nada,
nada cierto me dicen.
Vete, con tu soniquete,
al retrete de un periquete.