La vida no és qüestió d’anys,
sinó de com són els dies.
Les espelmes no van morint
mentre no llueixen,
les persones sí.
La vida no és qüestió d’anys,
sinó de com són els dies.
Les espelmes no van morint
mentre no llueixen,
les persones sí.
Si la poesia tuviera sus propios ojos,
esos serían los tuyos.
Una mirada interna, estandarte
de tu sentir, tuya y sin fronteras,
extraviada y certera,
intensa, quieta y locuaz.
Es tan tuya como universal,
algo sagrado está en tus genes,
supera el arte, la biologia y alcanza
un sentido ultraterreno fundacional.
La vida que encierra es verdad
inmutable, un instante eterno
de belleza implacable,
que revuelve las entrañas
y enloquece con dulzura irreal.
Tu faz está grabada
en cada protón del universo,
que ha existido o existirá.
Duele y resucita sólo verte.
Tus ojos inyectados de vida prestada
desafían con su sentida belleza
almendrada el tiempo feroz.
La gravedad engulle sin piedad
todo lo que es superfluo.
Solo quedan las horas para lo eterno.
Tu maleta de viaje únicamente
admite recuerdos imborrables.
Luces sagradas de momentos
donde todo se detiene,
nada queda a su márgen,
nada resiste la voracidad
de lo intrascendente.
La vida muere un día
y un día muere el tiempo.
Sin tiempo sobrevive lo eterno,
nuestros momentos donde
todo se detuvo.
Mañana luminosa,
Los plataneros altos,
visten la plaza
en hojas verdes.
Hojas inmóviles
secuestran el tiempo.
El aire y las horas
adormecen frágiles
y a la vez petreos.
Los brazos levantan
sus manos al cielo
implorando que el tiempo
pierda su devenir
y la eternidad se instale
en los rítmicos corazones.
Morir sin tiempo,
tiempo inmortal.
La libertad de escribir.
Crear una ficción o
rescatar una realidad.
En un instante bendecido,
cavar la tierra
del olvido y echar recuerdos,
plantar un sentimiento,
y regar con poesia inmanente.
Descubrir del interior
como crece un árbol
desafiante con un
corazón que late
y unas ramas que
anhelan la luz del cielo.
Escribir es sentir
como la efímera palabra
desafía el caos.