Tus ojos inyectados de vida prestada
desafían con su sentida belleza
almendrada el tiempo feroz.
La gravedad engulle sin piedad
todo lo que es superfluo.
Solo quedan las horas para lo eterno.
Tu maleta de viaje únicamente
admite recuerdos imborrables.
Luces sagradas de momentos
donde todo se detiene,
nada queda a su márgen,
nada resiste la voracidad
de lo intrascendente.
La vida muere un día
y un día muere el tiempo.
Sin tiempo sobrevive lo eterno,
nuestros momentos donde
todo se detuvo.