Domingo temprano.
Silencio, brisa,
las montañas respiran paz.
De la nada, a lo lejos
nace el murmullo de la lluvia.
Medio minuto después
las gotas de agua
tonifican mi piel.
Sigiloso, un manto
de pequeños tambores
ha venido a mi encuentro.
Un ejército de gotas
conquista el valle.
Una música sorda
derrama su santa presencia.