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Llevaba ese peinado de moda,

esas uñas pintadas como cuadros

de una galería de arte,

esa ropa como alguna influencer,

ese maquillaje famoso en Tik Tok,

ese perfume imitación top.

Encarcarada, como un panel

publicitario enganchado en

el lateral de la estación de bus.

Consumir moda y publicitarse

una misma. Aparentar para ser,

moda, aceptación, ilusión, producto

de deseo, de consumo.

Tan lejos de ella, 

enjaulada en la tiranía de lo

que supuestamente triunfa.

Huyendo del anonimato,

del miedo al fracaso, de la soledad.

Cuando lo aparente aceptado,

el éxito del mito o el mito del éxito 

banal sustituye la escurridiza comunicación.

Alienada en el reflejo de un abismo.

Muere lenta, confusa, desposeida.

Nube de agua

Como una nube de agua

para los campos del alma.

Clara, blanca, cálida.

Hija de la muralla china,

abraza su territorio de familia

con sus acogedores brazos

de madre amante.

Con Song tocan su canción.

Abre su restaurante sola,

mesas, sillas y toldos desatados

acaban colocados en procesión.

Presta mis libros en la repisa,

para que la gente los miren sin prisas. 

Amable, natural, sonriente,

con el cliente crea un puente.

Un puente sobrio de tablones

de madera de roble, desgastada

por el transito soleado de los días.

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