Ojos de luna de cuarto menguante,
cuando abiertos,
de luna menguante,
cuando reposan en sí mismos.
Pincelada de tinta china sobria,
profunda como el lecho del río,
sentida, como mirando un tercio
hacia fuera, dos tercios adentro.
Ola de mar calmo, sabio y ancestral,
origen del tiempo
y destino de todos los viajes.
Como nubes durmientes
en faz plana, impoluta.
Sus ojos son el cúmulo
de mil generaciones
y una identidad inaprensible
que late con cada parpadeo.
Parpadeo incapaz de ocultar
los ojos, ni por un momento.