Pedraza

Pedraza,

un mundo a parte, atemporal,

extraído del imaginario medieval.

Vestida por sus murallas y peñascos

sobresale altiva en el campo segoviano.

La puerta de la villa

es una compuerta 

de la máquina del tiempo.

Da paso a un ritmo lento,

sentido, que esculpe los minutos

con piedra eterna.

Un castillo señorial, una plaza

amplia que duerme resucitada

en el ánimo de sus visitantes,

soportales, columnas,

calles y callejones,

bancos de madera vieja,

piedra, piedra pedrazana.

No es un lugar,

no es un tiempo pasado.

Es un estado mental

donde se percibe

cuando la vida era otra cosa,

un discurrir arraigado en la tierra.

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