Sirve en un bar,
haciendo esquina
en una plaza amplia.
El viento y el mercado
le traen visitantes y vecinos.
La amabilidad y la sonrisa
son naturales en ella
y un bien preciado en su cultura.
Deseosa de acoger,
con sus clientes crea
un pequeño oasis
de atención, respeto y amistat.
Querida, alabada, reina del Edén.
Ese Edén con su terraza soleada
contrasta con un interior en penumbra.
Estar allí es como transitar el alma
de su cueva hacia la luz,
una sonrisa sentida robada al mundo.