Perdura
Perdura torpemente,
más de un siglo después,
la muerte de Dios de finales del siglo XIX.
Era la muerte de un Dios justiciero impuesto,
para controlar las masas,
soportar las penurias y prometer un paraiso.
Hoy es un argumento totalmente desfasado.
Dios se encuentra en nuestro interior.