Ni el vaivén de los coches
son las recurrentes olas
ni el asfalto es la leve arena.
Pero el sol ilumina este bar
con el alma de su gente sin par.
Ni el vaivén de los coches
son las recurrentes olas
ni el asfalto es la leve arena.
Pero el sol ilumina este bar
con el alma de su gente sin par.
Les copes, arrenglerades,
reflexen la llum
amagada en els estants.
L’ ambient del pub,
de lluminositat discreta,
reviu a les copes i ampolles
com un batalló inmóvil,
exhaurit per la guerra
dels cent anys de beure,
gaudir i alliberar-se una estona
de tots els mals de la mare terra.
A la barra els gots
buiden els soldats
de totes les seves forces
per traspassar-la als fidels clients.
Al darrere hi ha una dama,
sobria, elegant, atenta,
deessa coctelera,
que administra les dosis
que necessita cada ànima
de cada afortunat client.
De oriente, estrella sonriente.
De ovejas,
por la noche cuenta,
en invierno con chaqueta se abriga.
Sus ojos, reflejan todas las dinastías,
todas las revoluciones
y toda la sabiduría chinas.
Seria y divertida, de sus pupilas
la pólvora estalla viva.
Pelo largo oscuro como la noche,
tez clara como la pulpa de una manzana.
Come como un pajarillo, o dos.
Sosegada, consejera, madre.
Reparte cafés, medianas y copas,
con trato amical y afable.
Luz en la oscuridad,
su estela guia los reyes y los pobres.
Atiende en su bar,
vecinos y extraños,
sencillos y complejos,
ricos y pobres,
cultos de estudio o de vida;
ella se entiende con todos.
Son sus niños.
Ella comprende, respeta y aprecia.
Confidente de gente diferente.
Fia hasta fin de mes, no fia copas de más.
Apreciada, buscada y amada.
Entre sus milagros destaca
contagiar su mirada
entre sus, ahora menos,
ciegos pero afortunados feligreses.