Vi tus años en tu serenidad atenta,
tu sabiduría en tu actitud y comprensión.
Vi tu amor y compasión.
Te conocí en un minuto.
Tus palabras eran redundantes.
Vi tus años en tu serenidad atenta,
tu sabiduría en tu actitud y comprensión.
Vi tu amor y compasión.
Te conocí en un minuto.
Tus palabras eran redundantes.
Si no te comprendo
me falta entendimiento.
Lo que tu eres es un hecho.
Lo que yo no comprendo
es mi limitación.
Reposa tu mente,
Dios te comprende.
En un momento de cruel soledad
déjame enviarte unas palabras.
No es necesario que contestes,
solo saber que las has leído.
Letras nacidas del corazón
que aterrizan en el imaginario
inmenso de la comprensión
y la compasión.
Es suficiente.
Cuando esa mirada inquisidora
encuentre en su alma
un resquicio de sus dianas,
su flecha debería perder
su hiriente punta
y como un puntero mirar
con comprensión a sí mismo.
Si uno comprende, lo hace para sí
y para los demás.