Era niña
y parecía haber leído Anna Karenina.
Parecía albergar todas las edades,
haber absorbido la luna y el sol.
Vestía bohemia entre los diez y los cincuenta,
calzaba abarcas moteadas,
pelo rubio distraído.
Añoranza de mundos en su mirada,
tenía la pausa de los mayores,
el juego de su edad.
Parecía haber renacido
y haber muerto.
Su ser reflejaba saber
lo que sólo estos alcanzan conocer.
