Tus ojos

Como amaneciendo dos soles

se abren tus ojos.

Dos lunas de día,

dos medias lunas de noche.

Ante tus ojos

¿Qué flor te daré,

que ante tus ojos

no tuerza el tallo?

Sus ojos de oriente

Ojos de luna de cuarto menguante,

cuando abiertos,

de luna menguante,

cuando reposan en sí mismos.

Pincelada de tinta china sobria,

profunda como el lecho del río,

sentida, como mirando un tercio

hacia fuera, dos tercios adentro.

Ola de mar calmo, sabio y ancestral,

origen del tiempo

y destino de todos los viajes.

Como nubes durmientes

en faz plana, impoluta.

Sus ojos son el cúmulo

de mil generaciones

y una identidad inaprensible

que late con cada parpadeo.

Parpadeo incapaz de ocultar

los ojos, ni por un momento.

Sublimación

Si la poesia tuviera sus propios ojos,

esos serían los tuyos.

Una mirada interna, estandarte

de tu sentir, tuya y sin fronteras,

extraviada y certera,

intensa, quieta y locuaz.

Es tan tuya como universal,

algo sagrado está en tus genes,

supera el arte, la biologia y alcanza

un sentido ultraterreno fundacional.

La vida que encierra es verdad

inmutable, un instante eterno

de belleza implacable,

que revuelve las entrañas

y enloquece con dulzura irreal.

Tu faz está grabada

en cada protón del universo,

que ha existido o existirá.

Duele y resucita sólo verte.

No mirarme

Por no mirarme,

en la cárcel de tus párpados 

mis ojos cumplen condena.

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