Existe un tiempo para desprenderse
de la trascendencia de todo
y respirar el olor a hierba después de la tormenta.
Existe un tiempo para desprenderse
de la trascendencia de todo
y respirar el olor a hierba después de la tormenta.

La posibilidad vive en el espacio lento.
La lentitud da espacio a lo imprevisto.
Las prisas son una secuencia de tareas,
una detrás de otra.
La tarea de la vida es amar
y no se ama deprisa.
El presente necesita tiempo
para no atropellarse a sí mismo.
Un paso atrás y otro arriba.
Mejor que describir los hechos
es describir la evolución
de los hechos.
Atrás, para saber de dónde venimos.
Arriba, para elevarnos
y vislumbrar el presente
que apunta hacia un futuro.
El cúmulo de noticias concretas
emborrona la interpretación
de la realidad.
Ser como un águila cernida,
concentrada en un rubí.
Reinterpretar el pasado iluminando el presente,
¿es estar en el pasado o estar en el presente?.
Somos el resultado de nuestra historia,
conocerla es conocerse.
¿Se puede vivir únicamente en el presente?
Desde la torre del tiempo vi el camino.
El margen de la vida
está lleno de momentos importantes.
Mientras caminamos por el gran sendero
que creemos recorrer
hacia un destino deseado,
las paradas y contratiempos
se vuelven reveladores.
Que hacemos cuando no luchamos por un fin que todo lo vale?
Ese tiempo sin prismáticos
en que no vemos más que el presente,
se desvanecen las ilusiones
y solo queda la realidad.
Y nos vemos perfectamente como
un ángel en el carrusel quieto,
sin girar,
sin luchar,
sin desear.