Si la poesia tuviera sus propios ojos,
esos serían los tuyos.
Una mirada interna, estandarte
de tu sentir, tuya y sin fronteras,
extraviada y certera,
intensa, quieta y locuaz.
Es tan tuya como universal,
algo sagrado está en tus genes,
supera el arte, la biologia y alcanza
un sentido ultraterreno fundacional.
La vida que encierra es verdad
inmutable, un instante eterno
de belleza implacable,
que revuelve las entrañas
y enloquece con dulzura irreal.
Tu faz está grabada
en cada protón del universo,
que ha existido o existirá.
Duele y resucita sólo verte.