La puerta de cerezo y espinas,
de empuñadura ardiente.
Paso al paraiso de fracasos
que pierden su espesura,
aire fresco inmaculado casi trasparente
sino fuera por esa luz blanca y cálida
que los pulmones hinchan
de esplendor de olvidos asimilados.
Fue ayer que moría en la laguna del alma,
no había más que sentido desheredado.
Aquí no hay duda, hay miedo perdido,
la imaginada verdad del deseo
construye una realidad que colma el ser.
No hay red porqué no hay error negro.
Ni horror, ni pasos en diagonal,
ni pesar, ni arrepentimiento.
Ser libre sin barreras, apaciblemente intacto,
pleno, sin espada de la muerte.
Solo vida, solo siempre, solo ahora.