La rareza desafiante
cuestiona la normalidad.
La encumbra o la hunde.
El patito feo no era feo,
ni era patito.
La rareza despierta
de la monotonía a las masas,
las saca de su zona de confort.
Les pone un espejo de lo que no son,
y quizá debieran ser.
Es víctima del miedo
a lo diferente.
Los girasoles miran al sol
y se deslumbran.
Todo progreso empieza
por una rareza anormal.
Todo estancamiento se basa
en la pura normalidad.