El fotograma no vive quieto,
la imagen en nuestra mente
tiene un antes y un después.
Rellena los fotogramas de una película
con toda su transición.
El instante fluye con movimiento.
No hay instante quieto.
Sin embargo un movimiento muy rápido
en poco tiempo supera la precisión
de nuestros sentidos y aparece el sujeto
como fotogramas sueltos.
Puede ser un pájaro dando saltitos en el suelo o moviendo su cabeza.
El espacio tiempo según sus dimensones
y nuestros sentidos y mente,
convierte el movimiento en fotogramas
o fotogramas en movimiento.
El presente es mediado por nuestros
sentidos y nuestra mente.
El presente es subjetivo,
el tiempo y el espacio son interpretados.
La realidad provee las ondas,
la conciencia colapsa la realidad
en nuestro mundo subjetivo.
No existe ninguna realidad
subyacente que podamos percibir.
Medir la realidad la modifica, y ésta
no es aprehendida.
La realidad es el substrato de la conciencia
y la conciencia no percibe la realidad.
Dios seria inaprehensible
sino hubiera decidido
manifestarse coherentemente,
con amor, verdad y belleza.
Las casualidades significativas
son unas de las grietas en la inalcanzable realidad del más allá.
La coherencia, la información y el significado
no son fruto del azar,
son fruto de un poder superior.
