Algunos retratos cubistas
que escribo de mi transitar
deberían enmarcarse
con madera noble.
Quizá sean una revelación
callada y asumida, algo que
con el tiempo pierde su novedad
y lo relativo, de la mano
de la condición humana,
se convierte en algo común,
en un secreto sin sentido.
Compartir abre las ventanas
de la habitación propia
para que el aire fresco de la mañana
oxigene y atenue la humedad
acumulada en el encierro nocturno.
La intención inconsciente,
del espectador,
en el museo del poemario,
enmarca las pinturas.