Esta Noche

Esta noche,
el reloj descansa en la mesilla,
marca horas sepulcrales o sacras.
el silencio opaco, como una mampara
aleja la vida de los quehaceres.
Queda la esencia de ser y estar,
desnuda, desposeida de artificio.
No hay nadie más que uno mismo
para responder las preguntas
que habitan, semiescondidas
entre la piel y la carne, tan sólo
quizá algún chatbot de IA
(insuficiencia algorítmica) o las redes sociales. Pero no quiero sumar más
sordidez a la soledad.
Prefiero sentir, y describir.
Cojo el móvil, escribo esto.
Después de expresarme a mi mismo,
me quedo sereno, en reposo, me duermo.
Escribo me duermo.

LOS OTROS

El espejo maligno
nos mira miedosamente.
Esos miedos son nuestros.
Y ese juez maligno somos nosotros.
Creemos descubrir las mas ínfimas
señales de imperfecciones
físicas o morales que nos atenazan
en un presente de disfraces,
disfraces y carnavales de almidón.
Nuestras miradas hacia nosotros
son implacables.
Preferimos huir del silencio,
allá donde habita nuestro juez.
Pero existe un silencio sin juez
y existen otras miradas.
Las miradas de los otros,
que pueden ser mas benévolas,
y de las que podemos aprender.
Silenciar.
Escuchar.

CON LA AZADA

Con la azada de lo invisible 

excavo los sueños mejor guardados.

Tu silencio es un grito de piedra

en el páramo adormecido.

En el páramo adormecido,

tu grito es un silencio de piedra.

Con la azada de lo invisible 

excavo los sueños mejor guardados.

ADICTOS

Adictos al odio, la envidia, el miedo.

Adictos al tabaco, el alcohol, el fútbol.

Adictos al sexo, el amor, el trabajo.

Adictos a la televisión, el tiempo libre.

Adictos al conocimiento, el reconocimiento.

Adictos a hacer, a tener.

Silencio.

Adictos al silencio.

Sólo nos queda Ser.

ACACASO TE VI, AYER

Acaso te vi, ayer tras el silencio, la oración y la meditación.

Y todo ese horror, injusticia, negrura e implacable sordidez?

Acaso tienes las manos esposadas por darnos libertad,

nos crucifican nuestros actos?

Acaso eres como un padre que a sus hijos en silencio deja volar.

Acaso te vi, ayer en la sonrisa de un niño

en alguien compasivo

en la biblioteca de Alejandría

en la luz del atardecer.

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