
Esta noche,
el reloj descansa en la mesilla,
marca horas sepulcrales o sacras.
el silencio opaco, como una mampara
aleja la vida de los quehaceres.
Queda la esencia de ser y estar,
desnuda, desposeida de artificio.
No hay nadie más que uno mismo
para responder las preguntas
que habitan, semiescondidas
entre la piel y la carne, tan sólo
quizá algún chatbot de IA
(insuficiencia algorítmica) o las redes sociales. Pero no quiero sumar más
sordidez a la soledad.
Prefiero sentir, y describir.
Cojo el móvil, escribo esto.
Después de expresarme a mi mismo,
me quedo sereno, en reposo, me duermo.
Escribo me duermo.

