Amapola, deja tus labios sombríos,
te sostiene el tallo fuerte,
el viento duerme en tu regazo,
el cactus riega tu sangre.
Veo a través de la luna tus pies descalzos,
robo la niebla de tus entrañas
y engendro la luz que vive
desde que la tierra es tierra
y el sol es sol.
Los mares duermen
en el vientre de la diosa madre
y los juncos bailan al son de tu voz.
Despierto y veo,
salto,
y adorno el árbol con luciérnagas de paz.