La delgadez de tus temblores,
aquellos que destripan tu serenidad,
auyentan los lobos de la ventana,
y acechan los lapsos desérticos
de la vida ensimismada.
Son miedos y no son miedos.
Es la ansiedad del puente estrecho.
Las luces marcan el camino
sin aventura de las horas anunciadas.
Ser en tránsito o transitar el ser,
revelación oscura del prójimo.