Su semblante de cada dia,
en un instante colapsó,
siguió con sus tareas,
las lágrimas siguieron
también su camino.
Había gente, no podia
permitir desahogarse.
Su presencia, a través
de una fuerza desconocida,
recuperó su compostura.
Nada nuevo, nada extraordinario,
ni para ella, ni para otro humano.
El mundo llora una lágrima
en cada gota de vida.