Veo colores que duelen,
están en todas partes.
Yo no los veo.
Son colores que duelen
y pintan obras de arte.
Veo colores que duelen,
están en todas partes.
Yo no los veo.
Son colores que duelen
y pintan obras de arte.
Algunos golpes se reflejan
en su cara, ojos brillantes
como lunas que han llorado.
Cara ligeramente hinchada,
tiene la hermosura de encajar
los golpes y levantarse
con un suspiro dolido,
pero es bello porqué es humilde,
acepta su ser pero no su sentencia.
Es la cara risueña de alguien
que vive alegre para sí y para los demás.
La vida aprende de su faz
cuándo es cruel o es leal.
No hay luna sin sol,
y la suya es la expresión del rocío
cuando el agua de sus gotas
son lágrimas de dolor o alegría.
Su semblante de cada dia,
en un instante colapsó,
siguió con sus tareas,
las lágrimas siguieron
también su camino.
Había gente, no podia
permitir desahogarse.
Su presencia, a través
de una fuerza desconocida,
recuperó su compostura.
Nada nuevo, nada extraordinario,
ni para ella, ni para otro humano.
El mundo llora una lágrima
en cada gota de vida.
Como cuando la luna
se escindió de la tierra,
llegará un dia
en que el dolor de la compasión,
cuando el destino es ciego,
será la raíz, en la noche,
de un mañana luminoso.
Si hubiese dormido,
como los osos, en invierno,
la primavera tendría menos flores.
Sinó hubiera subido la montaña
la cima sería un regalo, no una conquista.
Por eso Dios nos expulsó del paraiso,
para apreciarlo en toda su grandeza,
un día, cuando el dolor sea ya inútil.
Como el gusano de seda, con un hilo
y mil caminos, construye su casa donde
sublimarse y desarrollar sus alas voladoras.