Si hubiese dormido,
como los osos, en invierno,
la primavera tendría menos flores.
Sinó hubiera subido la montaña
la cima sería un regalo, no una conquista.
Por eso Dios nos expulsó del paraiso,
para apreciarlo en toda su grandeza,
un día, cuando el dolor sea ya inútil.
Como el gusano de seda, con un hilo
y mil caminos, construye su casa donde
sublimarse y desarrollar sus alas voladoras.